Si está pensando en registrar una marca
Buscamos satisfacción marcaria

Básicamente las marcas son signos que permiten diferenciar los productos o servicios de una empresa de los de los demás. Por lo general, las marcas pueden consistir en palabras, letras, números, dibujos, fotos, formas, colores, logotipos, etiquetas, o combinación de estos elementos, que se empleen para diferenciar productos o servicios.
Cuando uno registra una marca debe pensar: lo que hace con ella y lo que hará en el futuro, pero también lo que ‘no’ desea que un tercero haga con la misma.
Pero sin lugar a dudas, como primer paso a tener en cuenta para coronar con la custodia intelectual a un nombre, figura o fusión entre los dos (marca mixta), en la palabra de cualquier especialista está la recomendación de encarar una búsqueda previa del universo marcario existente en –por ejemplo- la base de datos de MARCAS ARGENTINAS.
Esto se puede hacer fácilmente y la ventaja que tiene es directamente proporcional ya que permite dirimir dudas semánticas, fonéticas o preexistencia de marcas, evitando destinar recursos, tiempo y esfuerzo a un nombre –por ejemplo- que no merece el rótulo de emprendimiento.
Finalmente, la búsqueda aportará como corolario, un juicio de confianza para el gran esfuerzo que encararán los emprendedores. Allí reside el sentido de acercarse al asesor marcario, requiriendo la búsqueda más adecuada para una marca global.
Y una vez que cumplimos con el sentido práctico de una marca pensemos en su sentido ontológico ¿Qué hace que el gran público quite su respaldo a una marca? ¿Exactamente qué es lo que influye en el consumidor para que un producto de una marca reconocida, le cause mayor o menor satisfacción?
Lo que causa más satisfacción en un consumidor, no es el producto real, sino el imaginario. Ese producto (o servicio) que se pega al prestigio de la marca que lo respalda y le participa de una idea de status y estilo de vida.
Este principio funciona como el espejo en el cual el mercado se refleja, ya que cada consumidor decide comprar un producto o pagar un servicio, sólo en la espera de obtener una gratificación.
Inicialmente las normas de calidad que aplican las empresas de primera línea para calificar sus servicios, se pensaron como eje para hacer bien las diferentes tareas. Pero actualmente, la norma ISO 9001 2000, se adecua más a medir resultados, dejando el análisis del sistema en sí, como "sistema para". Y aquí el novedoso aporte de la nueva normativa de calidad: con esta nueva mirada se puede estar más cerca de la real satisfacción del cliente.
El desafío es que cada empresa recorra en su rubro o actividad en particular, un camino de búsqueda de aquello que integra la esencial satisfacción de su cliente en función de las demandas que éste realiza.